Wednesday, April 02, 2008

31 Minutos la Película

“31 minutos la película” es para niños, lo que resulta vagamente desilusionante. Las marionetas de Peirano –y sus amigos- siempre han estado más cerca de los Muppets que de Plaza Sésamo, pero en este caso la balanza se inclina más hacia el show alguna vez hogar del monstruo come-galletas y Óscar the Grouch.

Desde un segundo ángulo, es una de las películas más estéticas que se haya visto, al menos en Chile. El trabajo de diseño y color aplicado a los personajes y su entorno es para dejarlo a uno atónito (exceptuando, claro está, algunas malas decisiones en el área: como los extras disfrazados de títeres, y la fallida pintura que decora un pasillo en el jardín-zoológico de Cachirula). Es placentero notar su estética lograda y sin baches, la que supera con creces su propia base, la serie de televisión, que aún con algún par de imperfecciones le parecía a uno impecable.


El mayor problema, en concreto, es que agota. Sí se pudiese medir la mareabilidad generada por un trabajo fílmico, “31 minutos la película” ocuparía un lugar importante, en alguna clase de escala. No hay silencios ni descansos para un espectador que debe seguir una película ruidosa a un ritmo vertiginoso y que –a modo de una marcha militar- no cede ni zonas de descanso ni recreo alguno.

Cuando se pretende hacer funcionar un número tan desmesurado de elementos, conviene planificar el timing con mayor astucia y precaución, evitando meter a presión un sinnúmero de ingredientes multiformes en una olla donde casi no caben. Es como si estuvieran forzándolo a uno a sufrir en algún momento un ataque de epilepsia.




















“31 minutos la película” nos remite, por una lado, a las extravagantes aventuras de los estudiantes de lobotomía del Chancho Cero de Peirano (o bien, a otro de sus trabajos gráficos de carácter más infantil), y por otro, a las películas de Jim Henson, de las que “31 minutos la película” bebe hasta el borde del plagio:


1) Los gruñidos y el tono de la voz de Cachirula, son similares a los de Piggy, la rosada y vanidosa puerca de los Muppets.

2) La condición de “miembro de una raza extraña” de Juanín Juan Harry, recuerda directamente a la problemática de Gonzo, de la que también se ha sujetado como eje central la trama de varias películas.

3) Las películas de los Muppets eran también un backstage de “The Muppet Show”, es decir, retrataban la vida de los personajes como si éstos fueran actores fuera del set.

A la película le sobran personajes. La tripulación del barco debería haberse formado de un máximo de cinco títeres, y no de veinte, que sólo logran operar en la proyección como un incómodo e innecesario segundo público. Tradicionalmente el único uso que tiene tal sobrepoblación de personajes, es matarlos trágicamente de maneras inverosímiles para dejar al final del relato a un par de sobrevivientes ensangrentados -en este caso lana chamuscada, botones sueltos y calcetines con hoyos- ¿pero vamos a hacer eso en una película para niños?, si lo que se busca es no generar un trauma permanente en los mimados bastardos que conforman nuestro público, es recomendable evitar esa idea.

Una cosa que se ha visto a la crítica repetir con holgura, es que a 31 minutos le faltó música. Hay que diferir con ésto, y aplaudir a los realizadores por tomar la determinación de no hacer de 31 minutos un musical. Quizás pretende quién enuncia tal falacia, rellenar el vacío que deja en la película el exceso de chistes fáciles, y la falta del humor absurdo e ingenioso del que gozaba la franquicia televisivamente.























Por eso y por sus “bonitas lecciones” es una película para niños, lo que de cierto modo puede ser una malinterpretación de lo que significa una película para ese público, y lo que, reiterando, es vagamente decepcionante. Aunque si se amplía el cuadro, es la única película decente –y mucho más que decente- pensada para esos mocosos que se haya visto salir últimamente a flote en un mundo que contamina a los pobres infantes con porquerías CGI y malas ideas de ejecutivos cinematográficos, ...tan sólo es lamentable que cuente con las ya enumeradas asperezas.

2 comments:

Cote Cumplido said...

Las peliculas para niños siempre tienen facetas perturbadoras, al igual que la literatura...es inevitable ocultar significados violentos tras las sonrisas estúpidas que quieren hacernos ver. Aun así, 31 minutos es una obra barroca, llena de elementos agotadores, demasiado lúdicos quizás; pero no podría ser de otro modo...siempre estuvo diseñado para rebalsar de personajes insólitos dentro de un corto período de tiempo.

Me pareció interesante la comparación, lo de Peggy era evidente, pero 'Cachirula' siempre será un nombre más irrisorio que el otro.

Me agrado tu crítica en algunos momentos, pero en realidad, pareciera que sacaste de su contexto la película y la llevaste a un plano serio y más adulto. Y sabiendo que la gracia de 31 minutos es lo rídiculo que es, me parece una injusticia la dureza con que trataste algunos temas.

en todo caso, me caes bien y eres mi primo-vecino-amigo favorito.

diego cumplido said...

jajaja... me da verguenza discutir estas cosas en los comentarios, así que lo dejamos en messenger, pero creo que no entendiste del todo mi opinión. Gracias por tomartela en serio en todo caso.